Descripción
Hoy vamos a hablar del que probablemente sea el músico norirlandés más influyente y con mayor talento de su generación: Van Morrison. El disco en concreto que analizaremos es el cuarto de estudio, titulado His Band and the Street Choir.
Fue publicado en 1970 y en un principio estaba pensado para ser grabado a capela, con Morrison únicamente respaldado por un grupo vocal, The Street Choir, pero finalmente se añadió una banda que incluía guitarra, armónica, saxo, piano, batería, trompeta, etc.
Aunque Morrison quedó bastante descontento con el resultado final y años después llegó a desprestigiar este trabajo, el álbum está lleno de grandes canciones, compuestas e interpretadas con maestría, destacando por encima de todo el sonido relajado y apacible que impregna al disco.
Nos encontramos con temas mayoritariamente de blues y R&B, pero también podemos escuchar canciones de tonos folk, aderezadas con suaves punteos de guitarra que acompañan magníficamente a la gruesa voz de Morrison.
Hay temas animados y festivos; canciones tristes y de tempo moderado cargadas de melancolía; solos de saxo espléndidos, respaldados por el resto de la banda, cuyo sonido es una maravillosa mezcla entre jazz y blues; y, sobre todo, talento, mucho talento, tanto por parte de Van Morrison como del grupo que lo acompaña.
El álbum fue todo un éxito en su tiempo, tanto de crítica como de público; la acogida fue especialmente favorable en Estados Unidos, donde el sencillo «Domino» tuvo una enorme difusión, llegando al puesto nueve de la lista Billboard Hot 100, convirtiéndose así en el mayor éxito de toda la carrera del norirlandés en América.
En cuanto al aspecto musical, ya hemos tocado algunos puntos, como la relajación y despreocupación que trasmiten las canciones, pero es también digno de mención la elegancia musical de la sección de viento así como el dinamismo de los temas de blues más animados en contraste con las canciones folk de carácter intimista. Pasaremos ahora a comentar los doce temas que componen este grandísimo trabajo.
El álbum se abre con la ya citada «Domino», que es un homenaje a la figura de Fats Domino, legendaria figura del R&B y rock and roll afroamericano. Morrison combina perfectamente y de manera muy personal dos géneros muy dispares: el gospel contemporáneo y la balada de reminiscencias celtas, con magníficos resultados.
La música es alegre y vigorosa, perfecta para introducir un disco de esta magnitud. El tema empieza con unos pegadizos acordes de guitarra rítmica, a la que se unen poco después el resto de instrumentos y la inconfundible voz de Morrison.
Hacia la parte final del tema Van Morrison improvisa algunos versos, lo que ayuda a que la canción adquiera aun más viveza, aspecto en el que también tiene una gran importancia la sección de viento, que da a la canción un toque jazzístico y divertido. En resumen, el disco no podría haber empezado de mejor manera.
El segundo tema es «Crazy Face», inspirado en el bandido Jesse James; es una canción mas reposada y melancólica que la anterior. Incluye una bella introducción de piano y un solo de saxo soberbio, casi perfecto. El tema acaba de repente y abruptamente, quizás para representar el disparo de un arma, en relación con la temática tratada.
«Give Me A Kiss» es un blues auténtico y con sabor a clásico. Tiene la estructura de doce compases típica del blues. Los acompañamientos de The Street Choir y el piano, que suena incesantemente respaldado por el bajo, dan a la canción un toque de boogie rock, muy alegre y vivaracho. Es destacable, al igual que en los otros temas, el buen hacer de los instrumentos de viento.
Morrison escribió la letra de esta canción teniendo en mente a su esposa Janet «Planet», que además era integrante de The Street Choir, o quizás a su hija recién nacida, Shana. Como curiosidad, al final del tema se pueden escuchar voces y ruidos de fondo dejados a propósito.
La cuarta canción es «I’ve Been Working», que muestra claras influencias funky y en concreto de James Brown. Hay una parte específica en la que Morrison canta al unísono con la sección de viento, algo que algunos críticos definieron como impresionante. También destaca el bajo, que construye una línea potente e intensa, y el habitual solo de saxo, aquí con más swing y fluidez que otras veces, en consonancia con el espíritu de la canción.
«Call Me Up in Dreamland» trata sobre la vida en la carretera, aunque también hace referencia a la vida del artista con su mujer, Janet. La canción está compuesta con un estilo similar al gospel, lo que se evidencia en el optimismo que trasmite y en el acompañamiento de los coros y los omnipresentes saxos y trompetas.
El sexto tema es «I’ll Be Your Lover, Too» una canción folk muy personal, llena de melancolía. Lo único que necesita Morrison para remover nuestros sentimientos es su voz, una guitarra y una batería tocando suavemente. Un tema espléndido, que desprende musicalidad y pasión a partes iguales y con el que termina la primera cara del vinilo.
La segunda comienza con «Blue Money», cuya letra trata sobre una modelo de revista, inspirada en Janet ya que trabajó como modelo. Es un R&B muy alegre que rápidamente se convirtió en un gran éxito. Destacan los divertidos coros del estribillo y la pegadiza melodía que ejecuta la trompeta y que sirve de puente entre estribillo y estrofa.
«Virgo Clowns» es otra canción folk, esta vez de aires country. La instrumentación está compuesta por guitarra, mandolina, batería y saxo, aunque este último sólo hace aparición ocasionalmente. Es una composicióp cálida y amena que invita a ser escuchada cuando se va conduciendo y que a mi me recuerda a los vastos y llanos paisajes del oeste americano.
El noveno tema es «Gypsy Queen», que comienza (y termina) con el teclista Alan Hand tocando una celesta que imita el sonido de una caja de música. En esta canción Morrison canta con la voz en falsete, la única de todo el disco en el que lo hace. La música es suave y tranquila, arropada por el coro y los instrumentos de viento, que transmiten calidez y afectuosidad.
«Sweet Jannie» es otro blues genuino que versa sobre el amor juvenil, también hay algunas referencias a la infancia de Morrison. Como no podía ser de otra manera esta es una canción alegre y desenfadada que invita al baile. Destacan el bajo (imprescindible su presencia para construir un buen blues) y la guitarra, que realiza pequeñas intervenciones entre verso y verso.
«If I Ever Needed Someone» es el penúltimo tema y, personalmente, creo que es uno de los mejores de la carrera del norirlandés. Es una canción excelente en la que se conjuntan de manera irrepetible la melancolía del blues y la espiritualidad del gospel.
El tema va creciendo poco a poco hasta desbordar nuestros oídos con la belleza de sus acordes, ejecutados por el piano y sustentados por los espléndidos coros y la sección de viento (amén de batería, guitarra y bajo, los tres excelentes) que acompañan ostentosamente a un Van Morrison en estado de gracia. Esta es una de esas canciones que pueden trasmitir cientos de emociones en tan solo unos minutos.
Finalmente, el tema que cierra el disco es «Street Choir», cuya letra es especialmente amarga y en la que Morrison se siente estafado por la vida. Esta canción tiene una energía musical y poética tan grande que fácilmente es una de las dos o tres mejores composiciones de su carrera.
Destacan la (siempre presente) trompeta de Keith Johnson y la armónica de Morrison, que además realiza un pequeño solo. Aunque el tema abordado no es especialmente alegre no es una canción triste, pero podemos adivinar en la música cierto tono agridulce y sardónico, incluso algo de melancolía.
Así, con esta última y maravillosa canción acaba His Band And The Street Choir, un disco imprescindible, irrepetible y lleno de música de gran calidad. Un trabajo atemporal que se mantiene increíblemente fresco a pesar de que ya han pasado más de cuarenta años desde su publicación.
De las doce canciones que componen el disco, no sobra ninguna, todas están muy por encima de la media, descubriéndose nuevos matices en cada nueva escucha (algo que sólo posee la música buena de verdad). Para cualquier amante del blues este es un álbum esencial, y más aún si te gusta Van Morrison. Imprescindible.
Fuente: Tucriticamusical








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