Descripción
El síndrome 90’s, macho. Y los jodidos Coroner, grupazo que ya lo había dicho todo en el mundo del Thrash técnico, no se libraron. Te explico…
Estabas en los noventa, estabas en medio de un, supuesto, cambio musical y generacional. La fiesta y el desparrame dejaban sítio a la seriedad, a la cara de haberse comido un ladrillo. O dos. Los Glenn Tiptons de turno le cedían el escenario a chavalines que no sabían ni tocar cinco acordes seguidos (ni hablamos ya de solos, claro). Barba de tres dias, camiseta de leñador y voz rota. Unos cantos sobre lo penoso de ser joven (imagina cuando lleguen a los sesenta), baja afinación, nihilismo made in Mtv y a ganar millones.
Ni dios se libró del kurtcobainismo. O te unías o morías. Exodus, Flotsam and Jetsam, Megadeth, Forbidden, Vio-lence, Anthrax, y unos cuantos cientos más, tuvieron que cambiar de uniforme. Ni cuero, ni muñequeras, ni Jacksons, ni alaridos. Despojados de toda identidad para vivir. Metallica rebajaron el pie del acelerador justo en el momento en el que más potencia le tendrían que haber dado al vehículo.
Con la llegada de Nirvana, Soundgarden o Pearl Jam a las cimas, los de Lars Ulrich podrían haberles plantado cara y haber editado algo realmente Thrash, realmente supremo y dañino. No lo hicieron. Se unieron al ejército light. Y si los mismísimos embajadores del cotarro se purificaban (por mucho que vistiesen de negro), nada se podía ya hacer. Los auténticos, los que no quisieron dar su brazo a torcer, duermen ahora el sueño eterno (o malviven de ventas risibles), y los que se acabaron bajando los pantalones, normal, pudieron seguir respirando. ¿A qué precio? A uno alto, sin duda. Altísimo: El perder los cojones. Vives, pero como eunuco. Se acabó lo de follar cerebros de metalheads. Ahora, a lo sumo, les entretendrás. De gladiador a bufón. Bueno, la gente te sigue mirando. Menos dará una piedra.
“R.I.P.”, “Punishment For Decadence”, “No More Color” y “Mental Vortex”, cuatro discazos, y de putísima madre, los cuatro mandatos que los suízos Coroner nos habían escupido previamente a la llegada del Grunge y las movidas modernotas y groovielonas, ya no tenían lugar en la escena. No se triunfaba, almenos en 1993, únicamente ayudado por la técnica y una soberbia naturaleza compositiva. Eso ya no importaba ni una mierda. Medios tiempos, olorcilla pseudo-industrialota, comercialota. Lo que sea, macho, por no quedar atrás.
Claro que Coroner, a los que el destino nunca les ha dado lo que realmente merecen, tampoco es que se vendiesen totalmente. Ellos, contrariamente a muchos entes-colegas, no se convirtieron en mariconazos groovie-alternativos de la noche a la mañana. No. Ellos nunca acabaron siendo mariconazos groovie-alternativos, añado. Ron Royce no quería mutar el sonido de la banda. Quería sobrevivir. Y eso es “Grin”, nene. Un acto desesperado, el agarrarse a la madera flotante antes de quedarte sin fuerzas y ahogarse. Hay que ceder. No se puede ser azul en una fiesta en la que todo el mundo viste de verde. No se puede ir a contracorriente. Y menos cuando no eres un super-ventas. A chupar pollas, Royce.
La portadita del invento no me llama nada. Atrás, olvidado, queda el Norman Bates de “Mental Vortex”. Coroner ya no son unos asesinos locuelos, ya no tiene sentido tener a semejante titán de lo bizarro y lo caótico. Un sosías de V, el de “V de Vendetta” (que aún era solamente un estupendo cómic de Alan Moore y no una mierda de peli de alucine), en plan Manga, mal dibujado de narices, sin esmero, y que encima quiere dar miedo (y da penita). Es lo que nos toca ahora. Portaditas noventosas, chato. Se acabaron las explosiones, las zorras buenorras despelotadas y en apuros, los guerreros y los magos. Seriedad, macho. El Metal cambia de rostro en los noventa. Jeto bien gris. Aquí ya no se divierte nadie. Ni los músicos.
“Dream Path”, intro instrumental, es la que abre el movidón. Ambiente tribal, malrollero, con cierto fuelle guitarrero y denso. El cuello empieza a moverse. “The Letargic Age”, la que sigue, ya toma la delantera. Velocidad y mala leche, algo dosificada, con su arena groovie y su aura barbarota. Coroner no componen un track bestial, ni nada que recuerdes mucho tiempo después, pero saben, y muy bien, amoldarse a las necesidades del momento, a su moda. Los soletes de Tommy (futuro Kreator), eso sí, como siempre, con su nivelón. El astro del combo. Y eso es mucho decir, nene, conociendo de las gestas de los otros dos integrantes.
Más. El primer tema no ha estado mal, pero dista de ser material rompe-pollas. Quiero más. “Internal Conflicts” (que mantiene un molón equilibrio entre el Thrash que la banda siempre nos ha parido y las ondas de nuevo cuño), “Caveat (To the Coming)” (compleja, rimbombante, plagadita de diferentes capas, pero a la que le sobra medio metraje), “Serpent Moves” (aburridota, medio-tiempera y pseudo-panterística-aliceinchainera) y “Status: Still Thinking” (otra panterada, eso sí, disfrazada de movida New Age-onírica) no me contentan. La banda suena cojonuda, pues todo está en su sítio, el señor produ ha hecho los deberes…pero la banda ha perdido su auténtico sello, su auténtica naturaleza progresivo-técnico-huraña. No les reconozco. Y eso es todo un putadón para el fan del sonido de un grupo.
Una cosa es evolucionar tal y como la banda lo había hecho desde su debut: con un par. Sin perder estilo y añadiendo matices a cada disco, convirtiéndose, poco a poco, en unos entes mega-temibles. No eran Kreator o Sodom, no tenían tantos fans y parecían sus hermanos pobres. Pero era mentira. Eran los putos Voivod europeos. Los visionarios del cotarro cañero. Ahora, joder, suenan como cualquiera en el momento. Modernillos, con aura cañera. Pero poco más. Imagina a Iron Maiden, tus putos amos del Heavy clásico, grabando un disco de Stoner Rock. Ya podría ser el mejor disco Stoner, macho, que lo ibas a lanzar por la ventana. Y sin darle cera más que a dos minutos del primer tema. Pues eso mismo me pasa con “Grin”. No es mal disco, para nada. De hecho, joder, es un disco notable. Funciona para el amante del cotarro. Pero no lo hará con el fan.
“Theme for Silence” (un track de puro relleno. Ruido, nene), “Paralized, Mesmerized” (que va de osada, que quiere abarcar todo el reino extremote, pero que por vanguardista, por ir demasiado de lista, le acaban rompiendo la cara) y “Grin (Nails Hurt)” (de tallaje muy similar a la anterior) cumplen. Podrán entretenerte, rescatarás algunos fragmentos, algun rasponazo agresivo-progresivo te llevarás. Pero lo contarás. Volverás de un disco de Coroner sin necesitar de una transfusión. Menuda mierda, ¿no?. A mí, desde luego, me lo parece. Rebajando, y demasiado, el concepto agresivo.
“Host” cierra el disco. Menos mal. Me he levantado con el alma mega-metálica, con mucha ansía de riffeo asesino y la movida me está dando un sueño de cojones. Me acostaré de nuevo. Total, el track no me dice nada. Ira de papel, cabreo industrialote-alternativo. Ya ves tú, qué miedo…
Más cerca de Helmet, Prong, Ministry o White Zombie, bandas terriblemente molonas, que de quienes fueron. Decepción.
Lo que no quita que es un disco con matices, con garra, en el que perderse una tarde. Pero realmente poco dañino, poco certero, poco Coroner.
Algo genial para otros, eso sí. Pero no para los que llegaron a ser los dioses del Thrash progresivo.
3 cuernos (bien bajos, rozando, y demasiado, los 2 altos) para los ex-roadies de Celtic Frost. Normal, también quisieron tener su “Cold Lake”. Su disco-odiado.
Jodidos Coroner. Eran tan buenos que quisieron tener un disco malote para no dárselas de listos. Entrañables.
Cierre tristón para un carrerón mega-molón.
Fuente: Elportaldelmetal








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