Tigres Leones siempre ha sido un grupo diferente: composiciones inclasificables, capaces de mezclar pop, rock y psicodelia, que sirven de base a unas letras irreverentes, mezcla de la realidad surrealista que plantea el imaginario de Javier Marzal y Luismi Pérez. Quizá por todo esto nunca han tenido la atención que unas canciones como estas hubieran merecido: aunque a ellos esto les moleste, la herencia (y el malditismo) de esas bandas tan especiales como Patrullero Mancuso o El Niño Gusano siempre ha estado ahí; pero sin dejar de lado sus propias referencias, tan dispares como necesarias.