Descripción
Abordar la tarea de grabar un disco que no pareciera una pálida secuela del mítico Reign in blood debió ser algo intimidante incluso para sus creadores, que conscientes de lo difícil que iba a ser acercarse siquiera a tan venerable predecesor, parece que adoptaron la estrategia de tratar de evitar las odiosas comparaciones cambiando un poco el paso, como diciendo: “echemos un poco el freno, que vamos a toda hostia y ahora vienen curvas”. Así nadie les podría acusar del pecado universal de abusar de la fórmula del éxito.
Debo reconocer cierta deccepción cuando tras caer en mis manos descubrí que no era tan inapelable como Reign in blood, pero, al margen de las inevitables comparaciones con éste, creo que reúne suficientes ingredientes como para ser considerado uno de los más interesantes de Slayer. La producción es nuevamente impecable, si bien las guitarras suenan más nasales, con un toque extra en los medios que ofende mínimamente sólo si volvemos a compararlo con su hermano mayor “don Perfecto”. Musicalmente South of Heaven es un poco más variado, aunque menos arrollador, y el que más se beneficia de la moderación general es Dave Lombardo, que encuentra sitio para desplegar esos redobles depuradísimos que lo situaron como número uno indiscutible de la época. Jeff Hanneman y Kerry King, como siempre magistrales en lo suyo, esos solos literalmente irrepetibles. El único pero lo sitúo en el torpe intento de Araya por entonar algunas estrofas. Hace mucho leí una entrevista con motivo de la aparición del disco en la que el propio Tom comentaba que para este álbum había aprendido a entonar. ¿Para qué? ¿Qué necesidad había? El resultado de su nueva habilidad quedó plasmado en algunas frases de Behind the crooked cross, Live undead o Cleanse the soul. No llega a echar a perder las canciones, pero creo que les quita inspiración. Algo parecido le sucedió a Tony Portaro en Ticket to Mayhem. Hay que joderse, con lo bien que lo hacen estos tíos al principio. Debe ser que en algún momento se proponen vencer cierto complejo de “no saber cantar” y van a clase una temporada, para luego mandarlo todo a la mierda y volver a sus raíces furiosos por haber estado perdiendo el tiempo. El caso es que después de oir los berridos monocordes de Tom Araya en trabajos posteriores como Diabolus in musica o God hates us all yo me inclinaría por un “ni tanto ni tan calvo”.
South of Heaven se me antoja el mejor tema de Slayer sólo después de Angel of Death. Me fascina su andar pausado que se jacta de atraparte sin necesidad de acelerar, algo que queda para misilazos como Silent scream, o Cleanse the soul. De los demás, hay un detallito que me produjo en su día repetidos subidones de adrenalina: la cara B del disco comenzaba con Ghost of war. Su introducción filtrada y a un volumen inferior, al principio parecía evidente, pero conforme iba transcurriendo mi cerebro siempre acababa convencido de que así era como sonaba el disco entero, hasta que de pronto “TATACHAN”. Truco simple y efectivo, y novedoso para la época. También incluye una versión de Judas Priest, Dissident aggressor, que, al contrario que otras versiones hechas por Slayer, es bastante fiel al original, aunque Araya elude acertadamente un más que probable batacazo omitiendo los grititos de Halford en el estribillo y dejando que sus compañeros entren al quite con unos tirones de cuerda aquí y allá.
El caso es que no te coge en volandas de la pechera y te zarandea durante 28 minutos sin descanso hasta que, maltrecho, vas y lo pones otra vez, pero su mayor variedad ha hecho que me haya apetecido escucharlo bastante más durante los últimos años que Reign in blood. Las cuartas del principio de South of Heaven, el molinillo de Silent scream, la sorpresita de Ghost of war o el escalofriante final con Spill the blood tienen peso más que suficiente como para no tener que recordarlo únicamente como el hermano pequeño del favorito de todos.
Fuente: Elportaldelmetal








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